miércoles, 11 de enero de 2012

HIGADO CON HIGOS

Mientras duermes te arropo con una sabana de seda de Damasco y una suave manta de piel de gazapo gris que traje de Estambul. El mundo está escrito en nubes de millones de bits encerrados en corazones de silicio, venas de fibra óptica y pantallas de colores que nos muestran el rabioso presente mientras tú respiras desnuda debajo de una sábana y una manta parecidas a la que protegía el sueño de otra mujer hace mil años. Y tan vez has sentido antes similar placer cuando te acariciaba y tal vez ahora tus sueños no sean tan distintos a los suyos.

¿Pero dentro de mil años que quedará de nuestra sofisticada cocina?

Porque hoy, atravesando el tiempo, desde más mil años atrás, cuando Abd al-Rahman III dominaba nuestro Sur, me viene este guiso posible y pobre pero también sofisticado y rico de un español de entonces, tal vez árabe, judío, godo, bereber, cristiano, quién sabe, un campesino o pastor o alfarero que a la puerta de su casa de adobe de las afueras de Córdoba, poco antes de caer la tarde fría de enero, sobre una trébede grande acunada en las brasas, dentro de una cazuela de barro muy gastada, sofríe unas cebollas tiernas, unos higos pasos de pezón largo cortados en cuartos y cuando todo está blando, añade troceados dos hígados de cordero y sus pizcas de albahaca, comino, cilantro, toronjil, ruda y sal bruta. Aviva el fuego, remueve el guiso con un cucharón de palo y luego lo aparta del hogar hasta que temple. De ese mítico tiempo de Califas y Taifas, de Reconquistas y Medinas Azaharas ya sólo quedan mitos y ruinas, unas pocas palabras vivas como alhacena, alcoba o zorzal y cierto rencor al moro que fuimos. Sin embargo muchos sabores de entonces aún palpitan, como este plato de invierno, tan moderno y agridulce de higaditos de cordero con higos pasos que estoy haciendo. ¿Cuantos maravillosos “fuas” no se engordarán luego alimentando a los gansos, ocas o patos con higos?. Pero el anónimo cocinero entendió hace mil años la mágica mixtura de estos dos alimentos que hoy, tanto tiempo después, yo te preparo para cenar.

Dentro de mil años no quedará casi nada de nuestras sofisticadas cocinas o guisos, ni ruinas ni memoria, sólo barro de silicio y chatarras de plástico, tal vez algún extraño libro de papel encerrado en un museo (seguro que el de Webos) , tal vez algún pimiento fósil o algún trozo de pan candeal guardado cual reliquia… Pero alguien, aún, amará a una mujer y arropará luego su sueño más precioso con el tesoro fácil de una sábana de seda auténtica y una manta de piel de gazapo primitiva y caliente. Y ese alguien, no sé en qué horizonte, clima o circunstancia guisará higaditos de cordero con higos y aún no habrá olvidado que hace dos mil años ya había un hombre y una mujer que, después de aplacar el deseo, se alimentaron con ellos y bebieron vino tinto para recuperar las fuerzas y refrescar la sonrisa y el beso...

...Qué fácil y qué vértigo pensar en mil años atrás o mil para adelante. El guiso ya está hecho, espero a que se temple y vuelvo a despertarte.

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