miércoles, 6 de junio de 2012

JAMÓN SOBRE JAMÓN



¡Eres un sátiro, un perverso, un guarro!. Su voz volviendo del sueño y yo cogiendo con los labios y masticando despacio las finas lonchas de jamón que había ido colocando sobre sus culos. Le había hecho unas bragas de buen ibérico de Huelva y lamía el perfume de la grasita que el jamón había dejado sobre sus jamoncitos. Debía reprimirme y no morder allí. Entendía entonces perfectamente a los vampiros, a los caníbales y a los libertinos de todos los siglos y su empeño en mordisquearlo todo.

Después seguía rebañando a pesar de sus protestas y me refrescaba la boca bebiendo el hilillo de Sauternes helado que dejaba caer de la copa a esa grieta en la que la espalda pierde su nombre para llamarse de una forma más apetecible. Entonces ella gritaba, el frío, claro, y yo debía calentar esas intimidades de la única forma rápida y posible que sabía.

Luego descubrí que los machistas ejecutivos japoneses gustaban de comer sashimi sobre el cuerpo desnudo de una mujer inmóvil, pero no había comparación. Además ellos usaban unos pulcros palillos de bambú y parecían ignorar la fuente de piel que sostenía el pescado.

Eso es estropear el jamón y el vino.  Decía ella ya poco convencida. Pero yo opinaba lo contrario. Relamía su plato y su copa. El sabor del jamón, del Sauternes y de sus entretelas armonizaban con una perfección que no he visto describir a ninguno de esos gourmet de misa diaria, guía Michelín en la librería del baño y tecnoemoción entre las cejas.

Ella, al final, me dejaba hacer, se dejaba hacer. Jamón sobre jamón, el uno ibérico, el otro de otra raza. Vino sobre vino, el uno dulce, el otro seco con notas afrutadas, a melocotón ahumado y miel amarga, que diría cualquier gourmands trasnochado.

Luego he visto a Lady Gagá desfilar por ahí con un vestido hecho con bistecs y chuletones, pero no hay comparación. Donde estén unas bragas fabricadas con lonchas traslúcidas de jamón entreverado que se quite cualquier trapo de Victoria Secret.

¿No decías que no te gusta la lencería? Y así es, así era, los jamones me gustan sin adornos ni puntillas. Eres un inculto y un tío poco refinado, la lencería es excitantePero yo nada, solo me excitaba la carne, magra o con tocino, y sus circunstancias.


2 comentarios:

  1. Hola, soy Wendy; si te apetece, entra en mi blog, porque eres una de mis cinco elegidos para otorgar el Premio Liebster. Bicos.

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