jueves, 6 de noviembre de 2014

TORTILLA DE PATATA Y PEREJIL


Por fin el frío colándose por todas las rendijas, las de la casa, las de la memoria. Saca el jersey de alpaca, los pantalones de pana, el viejo chaquetón de guerra con la pequeña insignia de la aviación republicana. Los fósiles de la ciudad siguen resistiendo mientras las vidas que corren por abajo se queman con la rapidez de un velo. Fósiles de hormigón y cristal, acero, estuco, plástico. Las vidas de quienes viven allí son como chispas iluminando algunos instantes el enorme tiempo y después nada. Sobre todo eso el frío es ahora una caricia. Ha bajado al mercado a comprar para comer y se ha subido cebollas y patatas, huevos y perejil, cerveza y pan. Fríe las patatas y la cebolla, también el perejil, bate los huevos, añade la sal, cuaja despacio la tortilla.

La saborea con lentitud, a conciencia, con voluntad de hambre, de no dejar nada. Masticando el pan, lavando el paladar con la cerveza para volver con ganas a la mágica mixtura de una tortilla de patatas asimétrica, poco cuajada, casi salada, caliente. El mundo va deprisa, él ya había perdido esa velocidad, se dejaba llevar sólo por la marea hasta que la tortilla le ha recordado todo. El olor de la tortilla en la ciudad sin límites.

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