Te gustaba preparar estas conservas rojas y luego, en invierno, en mañanas heladas y luminosas, tostabas una rebanada grande de pan y extendías una gruesa capa de mermelada por encima. Masticabas despacio el pan, saboreando la mañana y algún libro que se manchaba siempre.
jueves, 28 de junio de 2018
MERMELADA ROJA
Te gustaba preparar estas conservas rojas y luego, en invierno, en mañanas heladas y luminosas, tostabas una rebanada grande de pan y extendías una gruesa capa de mermelada por encima. Masticabas despacio el pan, saboreando la mañana y algún libro que se manchaba siempre.
viernes, 11 de mayo de 2018
EMPANADAS DULCES

Me despertó el olor. Tus dedos en mi cabeza. El beso breve en la comisura. Tardé en entender, descubrir, asumir qué era aquella bandeja sorprendente: café de verdad, zumo de mandarina, carpaccio de piña, empanadillas de arroz con leche y de membrillo, churros, magdalenas. -Es que me gusta hacer postres-. Te defendiste ante un resucitado alucinado.
Comencé por el café y el zumo. Ya medio vivo, mordí una empanadilla de finísima pasta, luego otra, después otro vaso de zumo y más café y un churro, una magdalena, finísimas láminas de piña. Poco quedó de aquella ofrenda a los dioses del exceso. Yo volví de postre al postre que me había dejado ayer de madrugada rendido por el sueño del pésimo amante borracho. Desayunos dulces, amor y tiempo. ¿Hay algo mejor que esto en el mundo para dedicar toda la mañana de un lunes?
Te llamaré Dulce porque así te recuerdo hoy. Dulce era tu sabiduría para hacer postres, desayunos, cualquiera de los rincones de tu cuerpo, dulce y suave era tu forma de entender la vida sin enojos ni aspavientos y esa forma tuya de despertarme acariciando con tus dedos mi cabeza. No me enseñaste nada, secretas eran las recetas de tus postres como secreta era la razón por la que cocinaste para mí todo el infinito repertorio de delicias.
Engordé esos meses. Tu ya estabas un poco gordita. Así nos salvábamos de clavarnos o entrechocar sin querer el engorroso hueso de la cadera o de la pelvis. Gorditos que no gordos, redondeados, suavizados los ángulos del cuerpo por el sabio hacer de los metabolismos.
Ya no estás. Me dejaste por estúpido el día en el que compré en el supermercado unos de esos flanes industriales o el día en el que me descubriste palpando ante el espejo la curva de mi felicidad. Así somos de estúpidos los hombres. Hoy cierro los ojos y puedo sentir el sabor ácido del dulce de membrillo tras el ligero crujiente frito o la textura melosa y fresca del arroz con leche o el sabor de tu piel a caramelo de melocotón, el sudor fresco de tus ingles a chantilly con moras, tus pezones a castañas en almíbar o tu ausencia, hoy, a barro seco o al estropajo húmedo que siempre dejo al fondo del fregadero.
Y hoy añoro tus postres. Por eso he aprendido por mi cuenta a hacer las dichosas empanadas. Basta tener unos membrillos maduros y amarillos como el sol. Hay que quitar sin prisa la pelusa y luego picar su dura pulpa sin pelarlos porque en esa cáscara amarilla se esconde su aroma más intenso. Después hay que dejar cocer despacio toda esa pulpa con un tercio de azúcar y un poco de fruta de la pasión, maracuyá la llaman en Brasil. Se va removiendo con cuchara de palo hasta que la pasta tenga un dorado apetecible, casi moreno. Con esa pasta ya fría se rellena una oblea de empanadilla o pasta filodoro o brik. Se fríen y se comen así, con la pasta caliente y su corazón fresco, como eras tú. Esta receta me la sopló luego Abraham un día en el que, depresivo, terminé en su restaurante para comer de postre a modo de fármaco euforizante un Pastel tibio de Chocolate blanco y Mousse de Maracuyà. Gracias tío.
Aquel día me habías dicho: -Mañana te haré esas que te gustan rellenas de arroz con leche-. Y yo me sentí dichoso, bendecido por tí, mucho mejor que cuando alguien que deseas y amas te dice que te quiere mientras abre su cuerpo sin demora. Qué fácil es a veces descubrir que la felicidad solo es eso, un puñado de arroz cocido en leche dulce, un platillo pequeño lleno de nácar espeso y fresco adornado con un palo de canela y una corteza de limón que tu me ofreces por nada. Entonces entiendes aquella fábula bíblica de cambiar un mundo por un plato de lentejas, porque el mundo inmediato y auténtico es ese, el del sabor intenso de un guiso de lentejas o de un arroz con leche.
Ya no estás, pero aprendí también a hacer tu arroz con leche para suplir tu ausencia. Saboreo durante un rato el saber milagroso que resulta de mezclar dos culturas, la de los comedores de arroz, la de los bebedores de leche, comulgar con más de media humanidad que sobrevive a base de estos dos alimentos y llenarlos del lujo del azúcar, la canela de Ceilán y el cítrico que llegó un día a nuestra historia por remotos caminos desde China. Pero no es solo historia, es tu arroz con leche o el de tu abuela o el de la suya. Después supe que cuando una mujer te promete hacer arroz con leche te está dando el corazón entero. Después lo supe. Ahora me pesa. Si lo hubiera descubierto entonces, en el momento mismo de morder tus empanadillas dulces, no estaría aquí, acabando uno de estos postres industriales e imaginado el sonido de tu voz cuando el jardín está en penumbra. -Dulce, vámonos a dormir, yo te prometo mañana para desayunar unos huevos fritos con torreznos-. No se si lo entendiste, creo que si, era también mi forma de servirte mi corazón en trozos pequeños para que luego los mojases en la yema.
lunes, 31 de agosto de 2015
TOSTADA CON PIEL DE TIERRA Y JEREZ FRIO

Nos alimentamos de sueños, de comida, de cariño, de agua dulce.
jueves, 30 de abril de 2015
FRESAS CON LUNA
miércoles, 14 de mayo de 2014
QUESO CON UVAS
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| Foto de María Sánchez |
viernes, 19 de julio de 2013
SANDÍA
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| Pintura de Luis Egidio Meléndez |
jueves, 20 de junio de 2013
MANZANAS ASADAS PARA LA CRISIS
jueves, 21 de junio de 2012
SANDÍA PARA ABRIR VERANO
jueves, 17 de mayo de 2012
SOLOMILLO Y CEREZAS
viernes, 23 de marzo de 2012
COCKTAIL DE SILENCIO Y DE PALABRAS
martes, 15 de noviembre de 2011
GRANADAS PARA DORMIR
miércoles, 6 de abril de 2011
BOCADILLO DE PRIMAVERA

(Ilustración de Claude Velinde)
Muchas veces volamos y soñamos sobre las ciudades en las que fuimos felices y sobre los libros que nos hicieron mejores.
Llegó de París. ¿cuántos años ya de amistad con ella?. ¿Treinta?. Y me trajo pan de Viena y una botella de Burdeos de la bodega de cierto exnovio rico que presumía gourmet y de barriga. Una amiga, después de tantos años, solo puede traerte de regalo felicidad, compañía, tiempo. Pan y vino.
Abrí la nevera. Había hecho ayer salmorejo de cerezas, tenía cebollas moradas confitadas con jerez y unos higaditos de pollo limpios adobados con pimentón de la Vera, orégano del Guijo y pimienta rosa. Tosté ligeramente el pan en el que había frotado un diente de ajo, extendí una capa de salmorejo, asé los higaditos fileteados y los coloqué encima y sobre ellos una fina capa de cebolla confitada. Cerré el bocadillo y abrí el vino.
- ¿Qué has hecho para comer?.
- Nada, unos simples bocadillos.
La amistad nos salva de caminar con dolor cuando no hay camino y todo es incertidumbre.
NOTA. El cómo del salmorejo de picotas: 100 g picotas (ahora aquí en Madrid las hay chilenas en el mercado, pero pronto las abrá tempranas de mi valle o del valle del Jerte, ahora "nevado" de flores blancas) dos tomates medianos maduros (que sean buenos), un vaso de aceite (o un poco más), sal, una pizquísima de un diente de ajo, pan asentado bueno (pistola madrileña no, por favor, puag). Todo en batidora de vaso: primero el pan en trocitos, encima echas el aceite, los tomates pelados, despepitados, troceados, el microtrozo de ajo, la sal, las picotas deshuesadas, esperas a que el pan se empape y ablande con el aceite y los juguillos del tomate (15 min.), entonces le das al botón de la bati, primero a velocidad baja, luego vas subiendo la velocidad y sigues hasta que el salmorejo te quede fino, fino, si queda algo líquido echa algún trozo más de pan hasta que quede consistente, como puré espeso (pero fino) corriges de sal y punto, te quedará con un color intenso y un sabor diferente. A parte de usar como "tumaca" en el socorrido bocata, yo lo tomo siempre como tal, como salmorejo, con trocitos de jamón por encima o, si quieres ya tirar la casa por la ventana y que te quieran para siempre, metes en el cuenco o tazón donde lo sirves cuatro o cinco percebes (desnudos, claro)
viernes, 29 de octubre de 2010
ZUMO DE GALAXIA

Sólo somos animales aunque soñemos con galaxias y versos. El precio es buscar el sentido de la vida, la plenitud, la felicidad, la magia… y cuando no lo encontramos nos hundimos. Pero luchar con el abismo es parte de la vida, ganar y perder, bueno, jugar siempre. Ahora con las crisis tenemos que nadar contracorriente. La magia se ha vuelto bien escaso.
Pero a veces la máquina preciosa que es el cuerpo es la que falla. Bioquímica, hormonas, glucosa, caos… Es necesario mirar al horizonte (y buscarse un sitio con horizonte), respirar despacio, valorar lo que amamos y utilizar ese trasto llamado licuadora para hacernos un zumo manzana, zanahoria, mandarina y menta.
El cuerpo a veces nos pide carne, otras pescado, otras un buen champan helado y otras veces un chute de frutas sin su celulosa (ese rollo de la fibra…). Bebo el zumo despacio y noto como el animal que somos lo agradece. Galaxias y versos.
Foto:Nebulosa NGC 2074, ubicada a 170 mil años luz de la Tierra, tomada por el Hubble
jueves, 16 de septiembre de 2010
LOS HIGOS FRESCOS DE LUIS MELENDEZ

(Pintura de Luis Meléndez) Pan de antes, higos de antes, estos son del siglo XVIII y están tan frescos.
Higos frescos, higos secos, subirse a la higuera, tocarlos para sentir cuales están maduros. Se les pueden hacer muchas mezclas y perrerías a los higos, con jamón ibérico, con jamón de pato, con mascarpone… hasta con caviar probé unos en cierto restaurante excesivo.
Yo los prefiero solos, cogidos de la higuera, frescos como las noches de septiembre y de pezón largo e interior rojo, por supuesto.
Nada tan mediterráneo y tan homérico. Tan metido en el inconsciente colectivo de nuestro paladar por muchas frutas nuevas, exóticas e inventadas que lleguen a la mesa.
Luego, ya en diciembre, higos secos rellenos de nueces, caminar por el monte o por las vides acechando liebres y perdices con unos cuantos higos secos en el bolsillo.
miércoles, 19 de mayo de 2010
BUÑUELOS DE MANZANA Y NOCHE

Hablamos de nuestros amantes sobre le paisaje oscuro de la noche, volando por los kilómetros aunque yo me sentía con la cabeza en tu vientre y los ojos cerrados. Ellos y ellas que nos hicieron más sabios y mejores, ellos y ellas, que se fueron acercando a nuestras vidas por azar, placer, curiosidad, deseo, locura, ciudades, noches. Hablamos de nuestros amantes, pero no como quién habla de platillos ricos que saboreamos un día y que guarda aún la memoria sino como cocineros y cocineras que supieron aliñar el cariño, cocinar el amor, salpimentar el deseo y la sorpresa y nos enseñaron, muchas veces sin saberlo, donde están los secretos, las zonas sin nombre de los cuerpos, las caricias, los sueños, los besos, las palabras que hoy nos han hecho mejores personas, mejores amantes. Me gusta escucharte hablar de quién amaste y amas, me gusta hablar de quién amé y aún amo. Es cierto, algunas, algunos se convirtieron de pronto en extraños, en nada, pero la mayoría siguen ahí, en tu corazón o el mío, guardados con cariño en la memoria, camaradas de un tiempo ya pasado, si, pero no muerto, no olvidado, no frío.
Hablamos de nuestros amantes mientras nos acariciamos, compartimos también esas sorpresas, plenitud, tristeza, historias, encuentros y la noche parece que nunca va a acabarse, que por fin el tiempo es nuestro sobre la carretera. Esta vez serán buñuelos de manzana. Gajos de manzana pelados bañados en zumo de limón y menta que luego rebozamos con una masa hecha de leche aromatizada con palos de canela y corteza de limón a la que añadimos un huevo, levadura, dos cucharadas de azúcar, una pizca de sal y la harina fina suficiente para que la pasta quede espesa y se adhiera bien a la fruta y no se escurra. Freímos luego los gajos bien rebozados y tras sacarlos ya dorados les damos una lluvia fina de azúcar glas y canela o unas gotas de culí algo ácido de frambuesa. Imaginos estos buñuelos con unas irlandesas de Armagh o unas Jonathan de Nueva York o unas Fuji de la Rioja o unas Reinetas del Bierzo maduras, en su punto, perfectas todas para hacer estos buñuelos. Manzanas del árbol de la ciencia, pero no de aquel aburrido paraíso, manzanas que nos ofrecieron siempre esos y esas amantes de los que hablamos para que mordiéramos con hambre sus pieles suaves, tersas, jóvenes. Por eso ahora preparamos buñuelos de manzana. Añadimos a esa frescura de fruta en sazón, la seda templada del buñuelo, su dulzura nítida, su crujiente blando y delicado y, sobre todo el arte de poder hacerlos juntos, a cuatro manos.
miércoles, 26 de agosto de 2009
YUCA A LA CUBANA

martes, 18 de agosto de 2009
HIGOS DE PEZÓN LARGO RELLENOS DE FOIE

(“Abrazo”, de Egon Schiele)
Tiempo de higos. Me gustan sobre todo los denominados de “cuello de dama”, en el norte de Extremadura se llaman “de pezón largo”, son higos de carne dulce, intensamente roja y con un intenso aroma. Me gusta mucho esa denominación “de pezón largo”. Eso en cuestión de higos. En cuestión de tetas me dan igual de pezón largo corto, brioche, pequeño, grande…todos me parecen estupendos. Los pocos que conozco.
Los de pezón largo se pelan muy bien y dan mucho juego para hacer platos ricos de verano, los higos, digo. Si los tengo recién cogidos y a ti no te importan a estas alturas las calorías de más o de menos, si de verdad tienes hambre y ganas de gastar después tanta energía, los haré rellenos de foie.
Es muy fácil. Marco en una plancha bien caliente filetitos de foie fresco salpimentados y meto pequeños medallones del tamaño del fruto entre las dos mitades del higo y atravieso el gustoso bocadillo con un palillo para que no se me deshaga. Como salsa utilizo una reducción de oporto seco con moras y tras retirarla del fuego y cubrir el fondo del plato de los higos rellenos, espolvoreo la pitanza con menta fresca muy picada.
Para beber con este plato me gusta mucho la sidra natural, ese contraste entre el ácido y el dulce es estupendo. Y luego hay que hacer un esfuerzo y gastar, antes de que nos pesen, todas esas grasas y azúcares y felicidad. Más si no las gastamos no importa porque es seguro que te embellecen.











