miércoles, 25 de abril de 2012

TENCA SALOBRAR



Vaciamos el corazón de todo lo que una vez amamos y no dejamos en ese lugar ni una fotografía, ni el libro de los códigos secretos, ni una deshilachada palabra. No hay mucho tiempo en la vida para andar releyendo todos los “pudo haber sido y no fue”, ni lamentando dudas o traiciones. El tiempo de vivir es demasiado corto para sentarse a esperar y confiar en el mito de Penélope o meterse el puñalito en la llaga con Artaud. Aire. Uno se entregó entero, a fondo y sin reservas en el amor. No guardó la ropa a la hora de tirarse al mar. Quemó las naves antes de entrar en todas las selvas sin dudar. Nunca mintió deseo, desnudo siempre, en ese tiempo, de toda prudencia o arrogancia. Uno no ha esperado nunca reciprocidad, sólo lealtad, ternura y aire. En eso nunca cambiaré.

Por eso ahora mimo este puré de espárragos trigueros que emulsiono con un poco de mantequilla derretida y que luego extenderé sobre los dos filetes de esta tenca desespinada y limpia de la piel. Antes anduvo nadando esta carne tan nuestra la noche entera en agua con tomillo y una buena copa de oporto viejo.
Antes de esconder el pez en este pure color musgo voy a dar al pescado un golpe de horno fuerte hasta que se dore.

Me embromas criticando que siempre que nos vemos te hago tenca y te ríes de mis sentencias y mis cuentos. Estas contenta de ver como al fin, debajo de todas las palabras, lo que digo es que he limpiado el desván de mi memoria. Y no me importa tu risa porque todo lo cura tu nombre salobre, sabes que la sal en la cocina y en el vivir cura cualquier herida aunque escueza. Uno echó muchas veces a ese tiempo la sal y la pimienta de la felicidad, pero qué culpa tuvo de que al amor le gustasen sosos los platos. Uno puso siempre toda la carne en el asador pero la compañía resultó vegetariana y melindrosa. Uno sopló las brasas para llenar de calor y olor a leña la casa sin pensar que a ella le molestaría el humo en los ojos.

Uno no quiso tener nada salvo sueños. Por eso hoy, ante esta tenca asada con muselina de espárragos trigueros no me importa que te burles y me embromes, como entonces. Nada me pesa. Nada recuerdo. Tengo el desván sin trastos y el sótano sin sombras ni fantasmas. Tengo las ventanas de la casa muy abiertas, entra el aire de abril aventando las pelusas y el invierno de tantos años. Este no es un guiso de pescado, es un guiso de presente y primavera.

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