sábado, 6 de junio de 2015

ESCABECHE DE POLLO

La ventana abierta al verano. Detrás el tiempo arañando la estela de la vida como la fiera invisible de “la joven del agua”. Los castaños llenos de flores verdiamarillas. Delante el tiempo proponiendo a la piel todo su catálogo de sueños borrosos.

Un escabeche de pollo. Igual medida de aceite, de vino blanco y de vinagre. Cebolla, puerro y zanahoria. Pimienta, perejil y tiempo. Sofrío el pollo antes, en pedazos, con huesos y una cabeza de ajo entera por compañía. Añado un poco de jerez, otro poco de azúcar y más tiempo.

Dejo el guiso en reposo en la cazuela. Ni siquiera levanto la tapa para ver que tal, ni pruebo un pedazo a ver si bien de sal o de acidez. Están bien saber de ante mano ya el sabor. Igual que a quien amaste o a quien amas y ya sabes a que sabe.


Los escabeches están mejor dos días después. Los amores están mejor varios años después. 

Foto de Nan Goldin

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