lunes, 14 de noviembre de 2011

PESCADO EN SALSA ROJA, NEGRA, VERDE Y BLANCA


(fotografía de la modelo Tara Lynn)


Menos meter nata en una salsa, me gusta casi cualquier cosa. Aunque el amor no me gusta desnatado, sino con toda su grasa, crema y espesura (abtenerse sílfides, dietófobas y tallas por debajo de la 40).

¿Que dónde estoy más en mi salsa? Debajo de ti o encima de un lomo de bacalao desmomificado cuyo “oleo” voy a utilizar para jugar a pintar un cuadro con las cuatro salsas patrias: salsa roja de pimiento choricero, salsa verde de perejil, salsa negra del chipirón y la salsa blanca y marfil del propio pilpil.

Tras armar el pilpil, (utilizo el lomo de bacalao para fabricar un atascaburras) con la emulsión enriquezco las cuatro salsas roja, negra, verde y blanca y coloco encima un filete de gallo (pescado) desespinado y apenas marcado en la plancha.

Ni salsas pardas, ni salsas de mantequilla, ni currys fosforescentes, ni salsas de pomodoro, ni mostazas del norte, ni agridulces orientales. Carne de choricero o perejil y cebolla o tinta de chipirón con cebolla o emulsión de gelatina de bacalao más aceite de oliva y ajo frito. Cuatro salsas rotundas, ibéricas, íntimas para hacer nadar sobre los cuatro riachuelos de colores a este gallo sin cresta ni espolones de carnes blancas y piel crujiente. Pero podemos utilizar cualquier otro pescado barato y bueno. ¿qué tal un lomito de caballa?

¿Que para qué se hizo el pan? Para pringar en las salsas y rebañar el plato.  En todas las salsas ricas de la vida. 

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