martes, 28 de abril de 2015

TOMATES CONFITADOS

Foto de Ruht Vicente
No puedo imaginar la cocina antes del tomate. Destripo unos tomatillos confitados, rompo unas anchoas en salazón, extiendo estos dos alimentos sobre una tostada de pan y el mundo se convierte en un lugar un poco más habitable.

Borges pensaba que la única obligación fundamental que tienen los hijos para con los padres no es obedecerlos, ni seguir sus consejos, ni tener éxito laboral, ni cuidar su vejez. La obligación fundamental para con ellos es la de ser felices. El mismo, a la muerte de su madre, se lamentaba de la mayor infamia que había perpetrado como hijo: no haber sido feliz.

Sabemos que la felicidad depende de muchas cosas y no se consigue sólo con voluntad o ganas, el azar y la necesidad también juegan sus cartas. Pero aspirar a ella, siquiera en algunos instantes, es ya tocarla. Somos felices a ratos, a veces, por días, unos segundos, sin darnos cuenta. Era eso y es bueno que no sea permanente.

Los tomates, comerlos, utilizarlos para un guiso, tan sólo contemplarnos, ya me hacen feliz. Un tomate rajado con sal. Unos tomates asados con queso de cabra. Una salsa de tomate guisada con mucho tiempo para enriquecer una pasta o una carne.


La fruta del Paraíso no fue una manzana sino un tomate, el árbol de la ciencia del bien y del mal era una tomatera y no hizo falta serpiente para tentar el hambre. Yo tampoco hubiera dudado si Eva me ofrece un tomate. Mejor un tomate que Dios.

1 comentario:

  1. Inspirador! Gracias y qué apetito me ha entrado! Salgo corriendo a por tomates en mi FruOtero, que los tiene estupendos. Ciao
    María

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