domingo, 14 de mayo de 2017

ARROZ CON GAZAPO Y AGUA DE MARISCO


Me hace feliz el sofrito. La cebolla, zanahoria, pimiento verde, ajo, puerro muy picado suavizándose en el aceite caliente. Moverlo con la cuchara de palo, sentir el sol y el saber heredados convirtiendo en hogar mi postiza cocina. Luego añado el arroz, la carne del gazapo deshuesada que cocí ayer con un fondo de verduras, tomillo y un poco de vino blanco. Más tarde el caldo de las cabezas y armaduras caballerosas de las cigalillas. Cuando está casi al dente el arroz escondo en él sus cuerpos crudos, sublimes sin interrupción. Me hace feliz el sofrito, el mar sin civilizar, asombrarme de cómo mi cuerpo no es sublime sin interrupción pero si agradecido, delgado, fibroso, leal. Arroz con conejo y cigalillas para hoy, junto a una ensalada de tomate y corujas salvajes.

Me hace feliz el olor del arroz, el ruido de la ciudad, tener la certeza de que cada segundo es un regalo sin precio, exquisito, feroz, delicado e intenso. Dice Tito, mi editor, que adjetivo en exceso. Claro. En exceso. La templanza o la sequedad ya la tengo en el carácter, al menos en las palabras y en el amor tengo que ser excesivo para compensar. El sofrito tiene exceso de adjetivos, colores y sabores. El arroz con conejo y con cigalas es un plato de excesos y fiesta.

Sé que los pueblos saben bailar por encima de los tiranos. Los pueblos son los que inventan los sofritos. Los tiranos sólo saben alimentarse con la carroña destilada de su poder siniestro sobre un plato de huesos chapado en oro, eso y contratar a cocineros porque ni siquiera saben hacer de comer. A mi nunca me gustaron las pirámides ni sus secuelas, cuándo derroche de trabajo para enterrar el cuerpo amojamado, reseco y ahumado de un tirano con los ojos pintados de rimel. Una pirámide es una chorrada, la trampa cara de una falsa vida eterna. En cambio el invento del sofrito es una obra de arte que durará mucho más en el tiempo que una ruina famosa. Además no necesita museos, ni novelones de Terenci, ni esfinges llenas de turistas, basta saber hacerlo y disfrutarlo. Cocinar es hacer política. Abajo los tiranos. Arriba los sofritos.

(y una cerezas de postre, de Garganta la Olla, que ya es tiempo)

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