lunes, 25 de octubre de 2010

GLOTON@S Y ROMANTIC@S

A Claudio le envenenó su mujer mezclando amanitas phalloides con cesáreas, él lo sabía y no cerró la boca, mejor morir así que rumiando hojas de lechuga.

Ya no nos atrevemos a amar o a comer con pasión, con riesgo, con glotonería e inconsciencia. Preferimos lo sano, lo terapéutico, lo sensato, lo equilibrado, lo digestible, lo que prescriben los expertos como bueno para el hígado o el alma o el corazón (ahora psique). Un menú de plato o de cama sin muchas complicaciones o aventuras, sin demasiado abismo, de fácil digestión y fácil beso. Ha tenido que venir Cristina Nehring a sugerir que todo eso es de verdad muy sano pero muy aburrido y que hay que amar con esa pasión romántica y libre y fou y auténtica de antes, que hay que comer con ese apetito de gourmand y de glotón y que no hay peor exceso que la mesura ni peor sexo que el estadístico, gimnástico, suficiente, de manual de autoayuda, sin su timidez y su derroche.

Imposible pensar otra cosa ante un plato de amanitas de los césares y butifarra blanca. Primero hacemos el embutido asado despacio en una sartén y luego en su grasa rehogamos un poco las setas. Pan en abundancia y copón de vino, un manzanilla frío de Sanlúcar.

Cada vez que escribo pongo en duda todo. Sobre todo a mi mismo, también mis certezas y mi forma de ver el mundo. Quizá por eso me gusta y me envenena, porque rompe con cualquier costumbre o seguridad, casi como el amar. Cada vez que te escribo, también, pongo en duda todo lo que antes te dije, mis sueños y mi forma de verte, de nombrarte, de amarte. Quizá por eso me gusta y me envenena, porque nada es seguro ni cotidiano, casi como el vivir.

Amanitas con butifarra es un plato excesivo, intenso, amarillo, de pringue, que llena y satisface. Luego el vino fresco me limpia el paladar y el alma y el corazón (perdón, la psique) y seguro que el hígado del alma y los sacos de palabras que nunca te dije de tanto colesterol y de tanto silencio.

No creo demasiado en el tiempo, salvo que siempre es poco cuando te tengo al lado y cuando no te tengo es sólo un mar. Ya sabemos que “el futuro es propaganda, el pasado una fábula, el presente es historia”, pero tenemos los instantes, las noches y también la memoria, tenemos el amor generoso de sol para trazar un tiempo distinto y lleno en el que acaricio tu piel y camino de tu mano por la ciudad, un tiempo en el que bebo tu agua y el brillo de tus ojos sobre todo. Un tiempo para comer y amarte en el filo difícil de la vida, con todo su sabor, sin desgrasar, con toda su sal, su azúcar, su licor, su intensidad, su timidez, su riesgo.

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