martes, 29 de septiembre de 2009

CODORNICES EN ESCABECHE DE FELICIDAD

Felicidad es una palabra grande y generosa que abarca muchos momentos, tiempos, instantes. Felicidad es mirar los ojos de Guillermo mientras devora mis codornices escabechadas.

Saber que detrás de esos ojos se esconde un gran cocinero y una gran persona libre, creativa y llena de genio. Cazo o compro cuatro codornices, las limpió, las sofrío a fuego fuerte en abundante aceite con cuatro dientes de ajo machados con su piel, saco las avecillas y añado, en juliana, una cebolla grande morada, dos zanahorias, un pimiento verde y un puerro, pocho y añado de nuevo las codornices, un vaso grande de vino blanco y otro vaso de caldo de pollo, diez pimientas negras machadas, una rama de tomillo y otra de romero, dos hojas de laurel y tres cucharadas de salsa de soja. A cocer despacito hasta que estén tiernas y entonces añado medio vaso de vinagre de jerez y dejo cocer veinte minutos más. Se comen uno o dos días después. A Guillermo le gustan así. Yo preparo con su carne deshuesada una ensalada de berros con la que te chupas de verdad los dedos.

Felicidad es una palabra muy desprestigiada, pero muy real. Yo la siento cada vez que cocino o te sueño o te escribo o te llamo sirena.

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